Resumen rápido
- Transición verde realista: defiendo una política climática ambiciosa, pero compatible con la competitividad industrial, la innovación y la preparación real del mercado.
- Industria europea fuerte: la automoción, las baterías, el acero y los combustibles renovables son también cuestiones geopolíticas; Europa debe reducir dependencias externas y reforzar su autonomía estratégica.
- Defensa de las pymes y de España: las pymes y el sector automovilístico español necesitan reglas proporcionadas, flexibilidad regulatoria e incentivos que protejan empleo, inversión y competitividad.
- Compromiso equilibrado en ENVI: como vicepresidente de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, trabajo por mayorías amplias que combinen ambición climática, realismo industrial y responsabilidad social.
Quick read
- A realistic green transition: I defend ambitious climate policy, but one that remains compatible with industrial competitiveness, innovation and real market readiness.
- A stronger European industry: automotive production, batteries, steel and renewable fuels are also geopolitical issues; Europe must reduce external dependencies and strengthen its strategic autonomy.
- Defending SMEs and Spain: SMEs and the Spanish automotive sector need proportionate rules, regulatory flexibility and incentives that protect jobs, investment and competitiveness.
- Balanced compromise in ENVI: as Vice-Chair of the Committee on the Environment, Public Health and Food Safety, I work to build broad majorities combining climate ambition, industrial realism and social responsibility.
ESPAÑOL
Mi actividad parlamentaria se centra en la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (ENVI), en la que ejerzo como vicepresidente. Desde esta responsabilidad, mi trabajo se orienta a garantizar que la ambición climática europea vaya acompañada de realismo industrial, responsabilidad social y una defensa clara de la competitividad europea.
Para el Partido Popular y el Partido Popular Europeo, la transición verde debe ser viable, tecnológicamente abierta y económicamente sostenible. Europa no puede alcanzar sus objetivos climáticos debilitando precisamente a las industrias que deben hacerlos posibles. El Pacto Verde Europeo, la Ley Europea del Clima y el objetivo de neutralidad climática en 2050 siguen siendo compromisos esenciales, pero deben aplicarse mediante políticas que impulsen la innovación, la inversión y la preparación del mercado, no mediante prohibiciones generales o cargas regulatorias que perjudiquen a nuestras empresas.
Este enfoque es especialmente importante en el sector del automóvil. Los coches, las furgonetas, las baterías, el acero, los combustibles renovables y la infraestructura de recarga no son solo cuestiones medioambientales: también son cuestiones industriales y geopolíticas. En un mundo marcado por la agresión rusa, la inestabilidad en Oriente Medio y la creciente competencia estratégica con China, Europa no puede permitirse depender de potencias externas para las tecnologías del futuro. Una industria automovilística europea fuerte es, por tanto, una cuestión de prosperidad, empleo y autonomía estratégica.
En el trabajo sobre el Paquete Automovilístico, mi prioridad es defender una vía equilibrada: una descarbonización ambiciosa, pero con la flexibilidad necesaria para proteger la competitividad. Apoyo el avance hacia una movilidad más limpia y con menos emisiones, al tiempo que defiendo la neutralidad tecnológica, los combustibles renovables, los materiales bajos en carbono y herramientas de transición realistas para fabricantes y proveedores. Un objetivo de reducción de emisiones del 90 %, acompañado de mecanismos de flexibilidad creíbles, no debe entenderse como una renuncia a la ambición climática, sino como una forma de hacer la política climática más duradera, previsible y socialmente aceptable.
Una parte central de mi trabajo ha sido la defensa de la producción europea. Los incentivos vinculados a los vehículos limpios, al acero bajo en carbono y a la transformación industrial deben fortalecer la economía europea, no subvencionar nuevas dependencias de cadenas de suministro no europeas. Por eso defiendo un enfoque claro y sólido de “Made in the EU”, basado en el ensamblaje final en un Estado miembro, un contenido sustancial de valor europeo y el respeto de las normas medioambientales, sociales y laborales de la Unión. La próxima generación de vehículos debe llevar también el sello de “Made in Europe”.
También he prestado especial atención a las pequeñas y medianas empresas. Las pymes son la columna vertebral de la economía española y europea, también dentro de la cadena de valor del automóvil. No deben ser tratadas como si tuvieran la misma capacidad administrativa, financiera o regulatoria que los grandes grupos multinacionales. La regulación debe reconocer su situación específica, especialmente cuando las pymes se ven afectadas indirectamente como proveedoras, subcontratistas o actores posteriores en la transición. Mi trabajo en ENVI se ha centrado, por tanto, en garantizar que las pymes sean correctamente definidas, evaluadas y apoyadas, también mediante incentivos para una mayor diversificación de proveedores europeos y para el acceso a materiales bajos en carbono.
Para España, este debate es especialmente importante. Nuestro país es uno de los grandes productores automovilísticos de Europa, con un sector muy orientado a la exportación y con ecosistemas industriales regionales de gran relevancia. La transición hacia la movilidad eléctrica y de bajas emisiones debe diseñarse de manera que proteja el empleo, la inversión y la competitividad, al mismo tiempo que acelera la innovación. España tiene todo el interés en convertirse en líder de la movilidad limpia, pero para ello hacen falta normas previsibles, vehículos asequibles, despliegue de infraestructuras y atención al mercado de segunda mano, que será esencial para hacer accesible la movilidad cero emisiones a los hogares.
Como vicepresidente de ENVI, entiendo mi papel no solo como la defensa de unas prioridades políticas, sino también como la construcción de mayorías viables. El PPE debe actuar como un puente: firme en la defensa de la competitividad, las pymes y la soberanía industrial europea, pero abierto al compromiso con otros socios democráticos que compartan el objetivo de una transición climática creíble. Una amplia coalición parlamentaria en torno a un texto equilibrado refuerza el mandato del Parlamento Europeo en los trílogos y fortalece la credibilidad exterior de la Unión Europea.
Europa debe descarbonizarse, pero debe hacerlo como potencia industrial, no como mercado dependiente. La ambición climática y la competitividad no son objetivos opuestos. Bien diseñadas, se refuerzan mutuamente. La tarea que tenemos por delante es construir una transición más limpia, más justa, más europea y más realista: una transición que proteja a nuestros ciudadanos, apoye a nuestras empresas y refuerce el lugar de Europa en el mundo.
ENGLISH
My parliamentary activity is centred in the Committee on the Environment, Public Health and Food Safety (ENVI), where I serve as Vice-Chair. From this position, my work focuses on ensuring that Europe’s climate ambition is matched by industrial realism, social responsibility and a clear defence of European competitiveness.
For the Partido Popular and the European People’s Party, the green transition must be achievable, technologically open and economically sustainable. Europe cannot meet its climate objectives by weakening the very industries that must deliver them. The European Green Deal, the European Climate Law and the 2050 climate-neutrality target remain essential commitments, but they must be implemented through policies that support innovation, investment and market readiness — not through blanket bans or regulatory burdens that undermine European companies.
This approach is particularly important in the automotive sector. Cars, vans, batteries, steel, renewable fuels and charging infrastructure are not only environmental files: they are also industrial and geopolitical files. In a world marked by Russian aggression, instability in the Middle East and growing strategic competition with China, Europe cannot afford to become dependent on external powers for the technologies of the future. A strong European automotive industry is therefore a matter of prosperity, employment and strategic autonomy.
In the ongoing work on the Automotive Package, my priority is to defend a balanced path: ambitious decarbonisation, but with the flexibility needed to protect competitiveness. I support the move towards lower emissions and cleaner mobility, while also defending technological neutrality, renewable fuels, low-carbon materials, and realistic transition tools for manufacturers and suppliers. A 90% emissions-reduction target, accompanied by credible flexibility mechanisms, should not be seen as a retreat from climate ambition. It is a way to make climate policy more durable, investable and socially acceptable.
A central part of my work has been the defence of European production. Incentives linked to clean vehicles, low-carbon steel and industrial transformation must strengthen the European economy rather than subsidise dependence on non-European supply chains. That is why I strongly support a clear and robust “Made in the EU” approach, based on final assembly in a Member State, substantial European value content and respect for EU environmental, social and labour standards. The next generation of vehicles should carry the label “Made in Europe”.
I have also paid particular attention to small and medium-sized enterprises. SMEs are the backbone of the Spanish and European economy, including in the automotive supply chain. They should not be treated as if they had the same administrative capacity, financial resources or compliance structures as large multinational groups. Regulation must recognise their specific situation, especially when SMEs are affected indirectly as suppliers, subcontractors or downstream actors in the transition. My work in ENVI has therefore focused on ensuring that SMEs are properly defined, assessed and supported, including through incentives for diversified European sourcing and access to low-carbon materials.
For Spain, this debate is especially important. Our country is one of Europe’s major automotive producers, with a highly export-oriented sector and strong regional industrial ecosystems. The transition to electric and low-emission mobility must therefore be designed in a way that protects jobs, investment and competitiveness while accelerating innovation. Spain has every interest in becoming a leader in clean mobility, but this requires predictable rules, affordable vehicles, infrastructure deployment and attention to the second-hand market, which is essential for making zero-emission mobility accessible to households.
As Vice-Chair of ENVI, I see my role not only as defending priorities, but also as helping build workable majorities. The EPP must act as a bridge-builder: firm on competitiveness, SMEs and European industrial sovereignty, but open to compromise with democratic partners who share the goal of a credible climate transition. A broad parliamentary coalition around a balanced text strengthens the European Parliament’s mandate in trilogues and reinforces the EU’s external credibility.
Europe must decarbonise, but it must do so as an industrial power, not as a dependent market. Climate ambition and competitiveness are not opposites. Properly designed, they reinforce each other. The task ahead is to deliver a transition that is cleaner, fairer, more European and more realistic — one that protects our citizens, supports our businesses and strengthens Europe’s place in the world.